Ruptura de pareja: miedo a la soledad y al abandono

¿Qué pasa cuando en una pareja uno de los miembros le dice al otro que ya no lo ama y  que quiere terminar la relación?

Pueden ocurrir muchas cosas: Que la parte que recie la noticia se desconcierte, sienta dolor, enojo, tristeza,  miedo o todo a la vez. Un pensamiento recurrente ante el impacto de la noticia  es la negación: No puede ser que haya dejado de quererme…

Puede también cuestionar al otro diciéndole si está seguro de que eso es lo que quiere, decirle que tal vez está confundido y que tal ve sería conveniente que lo pensara mejor antes de tomar la decisión.

Otra reación puede ser empezar a buscar las causas de o que está ocurriendo pensando cosas como: debe haber encontrado otra persona mejor que yo, está confundido, está pasando por  una crisis o, más grave aún, puede asumir la responsablididad de lo ocurrido preguntándose: ¿qué fue lo que hice mal? Debe ser por mi culpa.

Reacciones después del primer impacto

El psicólogo Walter Riso, en su Manual para no morir de amor, nos dice que cuando la parte afectada se ha recuperado del primer impacto puede llegar a utilizar varias estrategias evitar la inminente ruptura:

  • Intenta negociar: Pide a su pareja otra oportunidad, promete cambiar y corregir lo que haya hecho mal.
  • Se hace falsas esperanzas: Se va a arrepentir y me pedirá perdón.
  • Decide luchar a toda costa: No le importa humillarse, pasar pon encima de ella misma y perder su dignidad rogando que no lo abandonen.
  • Niega la realidad: Se reciste a aceptar que su pareja ya no la ama.

La consecuencia de todas estas actitudes es que la persona sale más lastimada, vive en incertidumbre y en permanente ansidad o depresión generando una inseguridad difícil de superar.

Apoyo terapéutico

No es poco frecuente que las personas que llegan a  consulta sea por que están por terminar o han terminado una relación recientemente (o no tan recientemente, pero no han podido recuperarse de la pérdida). Es importante tomar en cuenta que, uno de los eventos más traumáticos que vive el ser humano, casi tan doloroso como la muerte de un ser amado, es perder a la pareja.

Los ajustes creativos[i], como a los que nos hemos referido (negación, generar falsas esperanzas, luchar), son una manera natural de protegerse, no es fácil aceptar  que nuestra pareja ha dejado de amarnos y no desea continuar a nuestro lado.

En consulta, he observado con frecuencia,  que la persona que se enfrenta a una ruptura de pareja tiene mucho miedo de que el otro se marche por la idea de que no va a soportar la soledad ni el dolor por el abandono.

No importa que, desde fuera, parezca evidente que la persona tiene las herramientas para superar la ruptura y rehacer su vida.  Internamente se siente vulnerable, insegura, impotente y con la creencia de que no es capaz de superar la perdida del ser amado. De alguna manera, para esa persona es el fin, pues tiene la falsa idea  de que nunca volverá a encontrar el amor, como si el amor fuera algo externo a ella.

Dependencia del otro

La situación puede ser más compleja si existe una dependencia de la  pareja en cualquier sentido: económico, emocional, físico. Si quien sufre la pérdida no cuenta con autoapoyo, es decir, con recursos propios (emocionales, físicos, económicos) o si no confía en ella misma, el miedo puede convertirse en pánico cuando el otro anuncia que se irá de su lado.

Si la persona depende económicamente de la pareja, nunca ha trabajado o no tiene un oficio o una profesión, además del dolor emocional, surge la angustia al no saber cómo logrará resolver su sobrevivencia aumentando con ello, con toda probabilidad, su sensación de ansiedad construyendo en su mente fantasías catastróficas en relación con su futuro, sintiendose incapaz de salir adelante del el apoyo de la pareja.

Cuando una persona que enfrenta este conflicto acude a conmigo a consulta para pedir ayuda profesional , intento comprenderlo y ser empático con él o ella. Si considero que puede serle de utilidad puedo compartirle que yo también he vivido experiencias similares de abandono o de ruptura.

Esto, generalmente, alivia al consultante, incluso más que otros recursos. Saber que el terapeuta ha vivido algo parecido a lo que ahora está enfrentando puede generarle mayor confianza y ayudarle a sentirse realmente entiendida en sus sentimientos. A la vez, esto puede hacerle sentir más confianza en que también podrá salir delante de esta situación tan dolorosa.

Cuando se logra generar esta confianza, se puede entonces, y sólo hasta entonces, confrontar las ideas que tiene en relación a la ruptura de la relación. Principalmente si tiene la creencia de que, si su compañero se marcha, será el fin de todo y que, por tanto, hay que evitar a toda costa que se vaya o hacer que regrese si ya se ha ido.

Es necesario, como terapeuta, ser muy paciente con el consultante e ir poco a poco, trabajando cada idea, cada creencia de la persona en relación a este asunto. Yo, en lo personal,  intento ayudarle a ser consciente de que ese poder que le confiere al otro es un poder que debe recuperar él o ella misma. Como lo menciona la terapeuta de parejas Clara Coria, cuando una persona se va de nuestro lado por la razón que sea, se fue una persona con nombre y apellido, pero no el amor.

El amor es un sentimiento y una capacidad que le pertenece a cada persona. Es algo propio que nadie le puede arrebatar. Es como una semilla que se puede volver a sembrar cada vez que sea necesario. Y si en un terreno ha dejado de crecer – por la razón que sea – cualquier ser humano, sin importar su género, puede volver a buscar otra tierra donde colocar la semilla para que pueda florecer nuevamente.

Hacer que el consultante o la consultante tome consciencia de esto resulta de gran ayuda. Es frecuente la idea de que sólo esa persona que se marcha de nuestro lado es quien puede brindar el amor y que nadie más  que él o ella será capaz de amarnos o nosotros a otro. Una creencia similar a que esa persona “era el amor de su vida”. Aunque eso fuera parcialmente cierto, sería el amor del momento de la vida que compartieron juntos, no de la totalidad de la vida de ninguno de los dos.

Por mucho que duela, si la persona es capaz de enfrentar la realidad y vivir el proceso de duelo tocando dolor,  rabia,  tristeza, tarde o temprano alcanzará la resignación y más tarde la aceptación del hecho de que esa persona, por mucho que la haya amado, ya se fue y que no volverá. Si hace esto y no se aferra a la negación o a la fantasía de que algún día volverá arrepentida la otra persona, es más probable que pueda volver a encontrar a otro ser humano con quien rehacer la vida en pareja. Y, aunque se quedase solo o sola, sería una mejor alternativa que seguir aferrada a una persona que ya no la quiere ni desea estar a su lado.

Si se acabó el amor o el interés por lo menos por una de las partes es mejor aceptarlo y enterrar el sentimiento, darse cuenta de que conocer la verdad, libera emocionalmente por mucho que duela.

Cómo saber cuando se ha superado la pérdida

Podemos darnos cuenta de que el consultante está superando la ruptura cuando empieza a recuperar la confianza en sí mismo. Para que esto suceda, la persona tiene que  reconocer claramente  que lo que espera en el exterior, es decir,  en su pareja – seguridad, amor, apoyo, compañía, protección, placer-  es algo que debe encontrar en sí misma. Como lo expresa poéticamente Carl Jung: Sólo se volverá clara tu visión cuando puedas mirar en tu propio corazón. Porque quien mira a afuera, sueña, y quien mira adentro despierta.

He acompañado a muchas personas en este proceso. Es fascinante ver como, independientemente del grado de angustia que lleguen, si logran confiar en mi apoyo y aceptar mis palabras de que, aunque ella no pueda ver sus capacidades, si alguien más pude verlas (en este caso su terapeuta), lo más probable es que existan y pueda reconocerlas ella misma y utilizarlas para salir adelante.

Un caso real para ejemplificar lo anterior

Recuerdo el caso de una de mis pacientes que llegó a pedir ayuda porque había terminado una relación después de siete años.  Se sentía mal y culpable. Aunque podía darse cuenta de que él hacía tiempo que se había alejado emocionalmente de ella y la trataba con desprecio, reprochándole, incluso, sus cualidades pues lo hacían sentir menos;  ella no podía aceptar que él no quisiera “ni siquiera” que fueran amigos.

Le pedí que escribiera en trozos de papel todo lo que ella le había dado a su pareja durante todos estos años con la expectativa de que él la amara para siempre y nunca la abandonara. Escribió en cada trozo de papel cada una de las cosas que ella había puesto en la relación: su amor por él, su confianza, fe, alegría,ternura, proyectos… cuando terminó de escribir las cosas positivas le indiqué que escribiera entonces también las cosas negativas que había hecho y de las que ella se sentía culpable: enojo, gritos, conflictos, celos, reproches, incluso infidelidad.

Después, le pedí que imaginara que su pareja estaba frente a ella y que pusiera a su lado todos los papeles con las cosas que le había entregado. Acto seguido, le indiqué que debía recuperar cada una de las cosas escritas en los papeles y, al hacerlo, debía decir la siguiente frase:  “José, yo te di mi cariño por por el  amor que sentía por ti y ahora, por amor a mí, lo recupero”; “José, yo te dí mis proyectos por amor, y ahora, por amor a mí, los recupero”; “José, por amor a ti, yo te entregué mi ternura y ahora, por amor a mí, la recupero…” así con cada cosa hasta terminar de recuperar el último de los papeles.

Así, en medio del llanto, ella fue recuperando todo lo que por amor había entragado:  la alegría, el amor, las palabras, los sueños, las esperanzas… en un punto se detuvo y me preguntó qué hacía con las cosas negativas. Le respondí que también eran suyas y que debía recuperarlas como las demás cosas pues le serían necesarias en futuras relaciones. Así, ella recupero también sus resentimientos, sus lagrimas, sus insultos, los reproches y los celos.

Una vez que recuperó todo lo que había entregado, le dije que los pusiera en su corazón y que repitiera: Este amor que hoy recupero ahora es mío nuevamente y me lo doy a mí misma; hoy recupero ternura y mi cariño son míos y me trato a mí misma ternura y cariño; hoy he recuperado la admiración y  me otorgo admiración a mí misma; recupero mi alegría, mis esperanzas, mis proyectos, mi fe para darme a mí alegría, esperanza, y sentir fe en mí y en mis proyectos personales. Ahora puedo amarme a mí misma sin depender del amor de otro.

Yo la fui apoyando para que dijera cada frase hasta comprobar que realmente lo estaba sintiendo en lo más profundo de sí misma. Se dio cuenta de lo impactante que era el que ella se pudiera regalar a sí misma todo lo que había dado con la esperanza de que su pareja se lo diera también a ella. De esa manera, comenzó a sanar y a volver a sentir la seguridad perdida en ella y en la vida.  Una vez que dijo la última frase, su expresión era muy distinta. Le pregunté como estaba y ella me contestó que mucho más tranquila y  en paz.

En conclusión, cuando una persona se enfrenta a la ruptura de una relación que ha sido significativa, es fundamental:

  • Aceptar la realidad de que la otra persona ya no la ama ni desea seguir a su lado.
  • Reconocer que, aunque sea muy doloroso, cuando el otro no siente amor por ella es mejor saberlo y dejarlo ir. De nada sirve tratar de mantener a su lado a alguien que ya no la ama.
  • Reconocer que lo que  está viviendo es duro  y que tiene derecho a sentir dolor y frustración por la pérdida del ser amado.
  • Darse cuenta también de que tiene los recursos para recuperarse del dolor por la ausencia de la persona.
  • Tomar consciencia que, por mucho que le duela el que su pareja tome otro camino,  no es lo mismo perder a una persona que la capacidad de amar y recibir amor de otra persona.
  • Que ella tiene la capacidad y la responsabilidad de darse a sí misma, antes que nadie,   el apoyo y el amor necesarios para recuperarse del dolor y la tristeza antes de buscarlo fuera.

Si se consiguen estos aspectos fundamentales, la persona estará del otro lado y muy pronto recuperará la paz, la serenidad, la tranquilidad y, por supuesto, el amor.

Si estás enfrentando una experiencia de ruptura amorosa, recuerda que no tienes que sufrir más de la cuenta enfrentándolo a solas, encuentra la solución de una manera inteligente, a través del apoyo de tus seres queridos y, si es necesario, con la ayuda de un profesional. Te evitarás mucho sufrimiento y encontrarás más pronto la serenidad y la confianza en ti y tu capacidad de amar.

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El dolor ante al pérdida de la pareja


[i] Ajuste creativo es la manera en que se donmina en Gestalt lo que en otros modelos se conoce como mecanismo de defensa. La razón de llamarlo así es que, en Gestalt, no se considera que la persona se esté defendiendo, sino que está haciendo el ajuste necesario para resolver la situación, con los elementos con los que cuenta en ese momento. Es decir, la persona está haciendo lo mejor que puede hacer ante esa circunstancia.

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