Ecos al poema de Benedetti “Como hacerte saber”

Sobre puentes y muros

Los puentes permiten ir y regresar. Regresar no implica retroceder. Retroceder, también significa avanzar. Avanzar sin obstáculos es una utopia.

Es más sano construir puentes. El terapeuta, con su actitud y la empatía dice al paciente: sé que te cuesta cruzar, pero yo estoy aquí, esperándote.

Construimos muros entre nosotros y los demás a través de: las drogas, alcohol, deudas, prepotencia, perfeccionismo, tener siempre la razón, viendo solo dentro y no afuera.

Para no ser heridos, levantamos muros y nos volvemos inaccesibles. Nos quedamos solos. Nos secamos, nos marchitamos, nos, quedamos solos y morimos en vida.

Las heridas y el miedo al dolor

 Una herida -física o emocional-, no desaparece, si se trata adecuadamente, al tiempo se cierra y deja de doler,  pero deja su marca para recordarnos  aquella experiencia como  un aprendizaje.

 Herirse no es desangrarse, hay que saber recuperarse del dolor. Si las heridas físicas cicatrizan, ¿por qué no han de sanar las heridas emocionales?

 Hay que tener el coraje (corazón) para mostrarse ante otros vulnerable y decir, este soy yo, un ser imperfecto, con la necesidad de amar y de pertenecer, con el derecho de ser amado por ser quien soy, sin tener que ocultarme.

 Cuesta ser sensible y no herirse, pero es inevitable, si te cierras al dolor, te niegas también la dicha y el placer. Sí sólo esperas felicidad, nunca vivirás una vida plena y te sentirás frustrado.

Entre vivir y morir

 Se puede estar muerto en vida, pero también puedes seguir con vida después de la muerte si has aprendido a amar y permito que te amen, para vivir en los corazones de los demás.

 Reconocer la alegría, implica reconocer la tristeza y el dolor, ambos son parte de la vida, vívelos plenamente para vivir una vida plena

 Para sentir la vida plenamente, tenemos que ser conscientes de la muerte. Para valorar el tiempo, debemos recordar su finitud. Para alcanzar la felicidad, tenemos que reconocer y aceptar la pena.

 Cuando no hay placer en las cosas, cuando no nos sentimos dignos del aprecio,  o de ser amados, cuando no somos capaces de reconocer todas las cosas que nos da la vida, simplemente no estamos viviendo.

Honestidad

Las cosas, frente a frente, son un signo de honestidad y construye confianza y respeto. Ser congruente y honesto genera vínculo, genera confianza, genera  intimidad.

 El que adula, no es sincero, no ayuda, no apoya, no es digno de confianza.

 Para que nos quieran, debemos mostrar quienes somos de manera auténtica, incluyendo nuestra vulnerabilidad y para ello, hay que tener coraje.

 Apoyo, Dignidad e Interdependencia

 Ayudar, es alentar y apoyar, para apoyar y alentar, es necesario apoyarse primero en la confianza mutua.

 Para que alguien  se convierta en ser humano, necesita de pertenencia, de aceptación y de apoyo.

 Las cuatro As del desarrollo de un infante son: Atención, Aceptación, Aprecio, Afecto.  Si falta alguna de ellas, su desarrollo es imperfecto.

 Para saber recibir, es importante aprender a pedir. El pedir, no lastima la dignidad, nos vuelve humanos.

 Dignidad significa merecer: Yo merezco, yo soy digno, merezco ser respetado por ser quien soy.

 Nadie quiere estar solo, sin embargo, para estar con alguien, hay que aprender a dar, para aprender a dar, debemos saber recibir, esto se reconoce como interdependencia.

 Autodeterminación no es hacer todo solo, hay que reconocer cuando necesitamos el apoyo de otro. Somos seres interdependientes.

 Quien sigue pensando en el viejo paradigma de autonomía absoluta –yo no necesito de nadie, yo puedo solo-, se está quedando atrás. En la actualidad, debemos reconocer la necesidad que tenemos unos de otros, sustituir la competencia por la cooperación, respetar las diferencias y crecer a través de ellas.

Sobre el líder auténtico

El verdadero líder no es aquel que hace todo y no delega, es aquel que sabe reconocer las diferencias entre los miembros de su equipo y genera un espacio de confianza.

 El verdadero líder impulsa a los miembros de su equipo para que cada quien haga lo que realmente quiere hacer y de la manera en que desea hacerlo.

 El verdadero líder no es autoritario ni independiente, sino aquel que  es capaz de reconocer que la fuerza está en el grupo y logra generar entusiasmo, interés, motivación y el sentimiento de valor en las personas.

 Sobre afectos

Nunca está de más agradecer, nunca sobra decir “Te amo”, “eres “importante para mí”, “te necesito”, “Contigo me siento feliz”

 Querer saber algo de alguien no es malo, querer saber todo de todos, es un hábito malsano.

 Encontrarse es algo hermoso, y encontrarse con el otro en un contacto íntimo, ofrece la posibilidad de maravillarse y sentirse plenos.

 Los afectos nos definen.

 La mayor puerta, dice Benedetti, es el afecto. Y sí, a través del amor,  se pueden alcanzar cosas infinitas. El amor abre puertas, multiplica las posibilidades…

 Hay que aprender a abrir puertas. Una buena manera de tomar decisiones, es elegir las que abran posibilidades.

 La agresión, porque sí, hiere mucho…

 También se puede odiar… el odio y el amor, son afectos.

 ¿Como darnos cuenta que no está prohibido amar?

 ¿Cómo reconocer  que siempre hay tiempo?

Siempre hay tiempo

Por: Luis F. Mtz.

Siempre hay tiempo para el amor, siempre hay tiempo para el perdón y la reconciliación, siempre hay tiempo para la comprensión, el respeto, la aceptación, siempre hay tiempo para el contacto y el encuentro, siempre hay tiempo para la intimidad, siempre hay tiempo para jugar y para reírse, siempre hay tiempo para disfrutar, siempre hay tiempo para vivir el dolor, la tristeza, los duelos,  pérdidas, siempre hay tiempo para acompañar a otros, siempre hay tiempo para hacerse acompañar.

Siempre hay tiempo para conversar, siempre hay tiempo para preguntar y responder, siempre hay tiempo para aclarar malos entendidos, siempre hay tiempo para viajar  y conocer, siempre hay tiempo para aprender y para enseñar, siempre hay tiempo para apoyar, siempre hay tiempo para ayudar, siempre hay tiempo para sorprenderse, para maravillarse…

Siempre hay tiempo para re-conocerse a uno mismo y re-conocer a los demás, siempre hay tiempo para reflexionar y meditar, siempre hay tiempo para respirar; siempre hay tiempo para ser más conscientes, más responsables y comprometidos.

Siempre hay tiempo para el cuerpo, para la mente, el corazón y para el espíritu…

Siempre hay tiempo para recordar, añorar, remembrar, siempre hay tiempo para soñar, imaginar, para anhelar.

Siempre hay tiempo para crecer, para madurar; siempre hay tiempo para la ternura, la tristeza, el miedo, el amor y  para el enojo; siempre hay tiempo para reconocer las necesidades y satisfacerlas.

Siempre hay tiempo para charlar, siempre hay tiempo para el silencio; siempre hay tiempo para bailar si te gusta bailar; siempre hay tiempo para orar; siempre hay tiempo para conocerse a uno mismo y siempre hay tiempo para conocerse al otro; siempre hay tiempo para experimentar, para reír, para gozar, para suspirar, para disfrutar del sexo, para acariciar y para besar…

Siempre hay tiempo para vivir de manera real…

Siempre hay tiempo…

Mientras vivas, siempre hay tiempo… sin embargo, el tiempo, tu tiempo, nuestro tiempo, no es infinito y algún día termina, es por eso que debes usar tu tiempo para vivir, para sufrir, para llorar, para reír y gozar.

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