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Carmen Gómez R

A través de los cristales

A mi madre

Era fácil entender cómo él se había enamorado de ti y no había dudado en librar cualquier obstáculo para estar cerca de ti, incluso el mostrador, la primera vez que te vio, caminando por la calle frente a su tienda.

Te encuentro, luego, en mis recuerdos, a través los cristales de la puerta de metal que separa mi recámara del patio donde te la vivías lavando la ropa de tus once hijos, tallando en el lavadero con tu jabón de pasta “Tepeyac”.

En esa imagen sólo queda la huella borrosa de aquella  adolescente de la fotografía. Ahora eres una mujer adulta, con la frente arrugada, que tallas con furor la ropa, mientras el deteregente y el cloro te secan la delgada piel de tus manos.

Yo soy todavía un niño. Es sábado, estoy en mi cama y quiero seguir durmiendo. Son apenas las siete de la mañana. Sin embargo, tus gritos frustran mi placer debajo de las sábanas.

-       ¡Que te levantes ya! ¡No seas holgazán! Tiende tu cama. Agarra una escoba y barre tu cuarto. Acomoda las botellas que están todas echas un desorden. Párate a misa. ¡Qué te levantes te digo! ¿Cuántas veces te lo tengo que repetir! ¿Por qué serás tan flojo? ¡Que hagas algo de provecho!

Hoy, te miro por última vez, y es, también, a través de un cristal. Tu rostro y tu cuerpo están inertes. Tu piel ha perdido el color y es casi transparente.

Tus labios, siempre tan delgados, casi han desaparecido de tu hermosa cara y ya no pronuncian palabras, no te quejas, no reclamas ni regañas. En esta habitación donde estamos no se escucha más tu voz, solo llantos y murmullos de la gente que te extraña y que, tal vez como yo, sienten culpa por no haberte juzgado duramente como madre.

Sin embargo, esta vez encuentro algo distinto:  ahora que te miro así, tan callada, tan tranquila, me doy cuenta de qué era aquello que se interponía entre tú y yo: eras tú misma, éramos ambos con nuestro orgullo, con nuestros miedos, nuestras creencias y resentimientos. Nuestras grandes semejanzas y diferencias.

abuelaAhora puedo acercarme a ti, mirarte, así, tras el cristal de tu ataúd, y sentir el amor que por ti siento.

Cuántas veces lo dude. Cuántas veces creí que, si alguna vez te había querido, ese amor había terminado por desaparecer a fuerza de tanto insulto, tanta descalificación y tantos reclamos:

-¡No eres un buen hijo!, ¡No eres buen cristiano! ¡Vas por el mal camino! ¡Si no te arrepientes te vas a ir al infierno, y yo contigo!

Ahora que no te puedes defender más de mi cariño, veo que nunca te dejé de amar. Te quiero, y mucho. Estoy contento de poderlo reconocer al fin, con una certeza absoluta. Lo único que me duele, es que tú ya no puedas escucharme… aunque… tal vez sí… es por eso que prefiero decírtelo… tan sólo por si acaso me pudieras escuchar… tan sólo por eso lo confieso:

- Mamá, te extraño, con todo y tus defectos… a pesar de ellos… gracias a ellos que me hicieron crecer y ser más fuerte,  hoy los agradezco y puedo aceptar todo lo que te quiero.

Pequeñas imperfecciones

MAYO 2006

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6 comentarios

  1. Elena Cruz

    Gracias una vez mas, por tu autenticidad. En tu testimonio me reflejo y hasta parece que fueramos hermanos…Mi madre tan parecida a la tuya. La mia aun viva. Gracias porque voy corriendo a reconciliarme con esa parte de mi madre. sabes en una cartita como las que tú haces. A ella no le gusta hablar de ese tema y ya es mayor tiene 84 años, se pone muy nerviosa y mal.
    Gracias por ser y estar seguramente no por casualidad.

    • Gracias, Elena. En una de esas fuimos hermanos en otras vidas. ¿Sabes? este escrito lo escribí hace 6 años, como bien marca la fecha que pongo al final, y me doy cuenta que la relación con mi madre sigue viva y cambiando. Es increíble como podemos seguir conociendo, comprendiendo, entendiendo a las personas más allá de la vida. Me gusta mucho saber que las relaciones nunca mueren, pero claro, siempre es una ventaja tener aún a las personas vivas (como tú a tu madre), pues no deja de ofrecer mayores posibilidades para conocer y entender a la persona. Por mucho que ha ella le cueste trabajo comprender por la edad, siempre puedes correr el riesgo de intentarlo, por supuesto, sin olvidar que es una persona mayor, con otra educación y de otra época, pero a final de cuentas, es tu mamá y te ama, de alguna manera y en algún nivel te puede comprender y tú a ella.

  2. Estimado Fernando , se te une una hermana mas, tu emotiva carta me llego hasta el alma , algunos de estos sentimientos que expresas , fueron los mismos que yo tenia hacia mi madre , fue hasta que ella ya no estaba fisicamente conmigo cuando la comprendi y supe que siempre la ame , la respete, y la admire como la valiosa persona que fue en vida y aun difunta, la juzgue tan duramente ….. que algunas veces la culpa no me deja , yo se que ella no guardaba odios ni rencores y esto me conforta, al pensar que si se lo hubiera dicho, ella me perdonaria, pero nunca tuve el valor para enfrentarla y expresarle mis sentimientos . Gracias por estas emociones que con tu carta removiste en mi , recibe un abrazo de mi parte.

    • Me da mucho gusto, Laura, que podamos compartir un sentimiento y una experiencia similar en relación a nuestras madres. El trabajo del perdón y la reconciliación, creo que nunca termina. Estoy seguro que podrás seguir sanando tu relación con ella como yo lo hago. Me gusta mucho el libro de “No perdones demasiado pronto”, porque en él, los autores explican como, para poder perdonar, necesitamos recuperar primero nuestra dignidad e integridad.
      Es importante que tú y tu madre estén a la misma altura, ninguna más arriba que la otra. Esto, significa, que para poder encontrar la reconciliación total, tampoco te debes culpar, pues tus razones tuviste. Lo que ocurrió entre tú y mamá, no fue sólo por una de las dos, fue una construcción de ambas, por tanto, la parte que te toca asumir, es la tuya, no desde la culpa, sino desde la responsabilidad, sin perder de vista en qué contexto y momento sucedieron las cosas. Porque, desde la Gestalt, creemos que las personas siempre hacemos lo mejor que podemos, con los recursos que tenemos en ese momento determinado.
      Te mando un beso con cariño, hermanita.

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